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jueves, 27 de julio de 2017

On julio 27, 2017 by porcubavoy in , ,    No comments
Los cubanos cuando nos vamos de nuestro país lo hacemos por diferentes razones, pero sin excepción, una vez que ponemos el pie fuera, tenemos que luchar contra un potente enemigo que se llama Nostalgia o como le decimos aquí en Cuba “Gorrión”, depredador en potencia que nos puede destruir con el paso del tiempo, a pesar de que el tiempo cura las heridas y que la distancia es el olvido, para nosotros eso no es tan fácil.


Cuando sales de tu patria dejas atrás toda tu historia hasta ese momento, para muchos es temporal, para otros es definitivo, y quizá hay un pequeño grupo que sin saberlo van a ser víctimas mortales del gorrión, y por esta causa regresarán antes de lo pensado. Otros no regresan nunca, aunque en lo profundo de su alma vivirá por siempre la añoranza a su terruño.

Atrás dejas tu casa, en la que naciste y diste tus primeros pasos, el barrio que te vio crecer, tu primera escuela, tus primeros compañeros de estudio, muchos de ellos se convierten en amigos para toda la vida. En Cuba vas a tener gratos recuerdos de tu educación primaria, de la secundaria de la cual no podrás olvidar las escuelas al campo que a pesar de las condiciones no tan cómodas son inolvidables. Atrás dejarás los recuerdos de un primer amor, tu primera mascota y algunos dejarán algo muy sagrado, los hijos pequeños. También quedan miembros de la familia quienes, por ley de la vida, ya no estarán el día que regreses.

El gorrión se vale de los recuerdos de la niñez y de la juventud principalmente, pero también de las vivencias diarias, algo que parece una rutina para el cubano suele ser diversión . Si, porque el cubano es un “tipo” del barrio, del pueblo, de pasar todos los días a ver a sus amigos, sobre todo si se vive en un pueblo pequeño donde los amigos de tus padres son tus tíos, y los hijos de ellos son tus primos, el cubano en cualquier esquina echa un juego de dominó entre vecinos, se toma una botella de ron, se ríe en grupo de cualquier tema o como a veces decimos damos chucho o cuero, mientras llegue la hora de dormir.

Aunque muchos han tratado de llevarse costumbres y tradiciones hay cosas que no te puedes llevar de aquí y las que te puedes llevar, allá no tienen el mismo sabor. Aunque te lleves los amigos, quizá allá todas las noches no podrán jugar el tradicional partido de dominó ni si quiera sentarte en la esquina de la plaza de tu pueblo a dar chucho, ni tomarse una botella de ron, ni compartir una canción tocada acompañada de la guitarra entre los vecinos cuando hay un apagón o armar una rumba de barrio con instrumentos improvisados con sillas, mesas, cucharas. Para los descendientes de aquellos que se fueron que les toque nacer en el otro lado, no habrá una escuela al campo donde aprendas a compartir la comida, les será difícil comprender que existen personas que aunque no comparten lazos sanguíneos aún así son más que familia, muchos no sabrán nunca lo divertido de las bromas de la infancia en Cuba.


Se extraña, y mucho, el andar descalzo, bañarse en el aguacero, el guarapo, el sabor de las frutas que allá nunca será igual al de aquí, las maneras de chiflar o llamar a voces a los amigos, el exclusivo aroma del cerdo asado en púa en el patio de la casa, lo cual deviene toda una tertulia alrededor del guiso.

Todo esto forma parte de nuestra historia no contada pero latente, del día a día de nuestro real-maravilloso traducido en cubanía, de ese carácter único, afable y jovial, de esa genética que compartimos y nos hace precisamente como somos: Cubanos.
Y tú, qué extrañas?

Imagenes: www,3guysfrommiami.com www.oncubamagazine.com
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